26.9.11

automensaje XXV

A traves de la pena y el dolor, la vida nos informa de aspectos de nuestro ser que permanecen poco desarrollados.

24.9.11

Motivos para no llorar

Cada vez que las lágrimas asomaron, les pregunté por qué lo hacian.
Por qué lloro?, fue una autopreguntá que rankeó alto en mi google interno las últimas semanas.

Porque es injusto, me dije. Si es por eso, andá comprando acciones de Carilina, porque la injusticia es más vieja que el mundo. Next.
Porque la voy a extrañar. Si, es cierto. Pero entonces llorás por vos y no por ella. Eso es egoísmo y no pena. Next.

Y en variedades de esos 2 motivos se me fueron las horas de ida y vuelta al trabajo, reflexionando al son del manejo.

Porque está comprobado que llorar alivia las penas fue una respuesta imbatible.

Y lloré entendiendo porqué lo hacia, pero sin poder responderme del todo los motivos de la pena.
Porque la voy a extrañar, porque es injusto, y otra vez la misma cantinela en un loop infinito.

Pero entonces recordé algunos conceptos sueltos de algun apunte de liderazgo y mi propia experiencia como alumna de buenos maestros: que las cosas no funcionen sin el líder, hablan de un mal líder.
Como sabría uno que aprendió si no dejara de ir a la escuela nunca? Como se miden los resultados si no es con exámenes?


Elegí evaluar la amistad con mi tocaya, tratando de entender que cuestiones vino a ayudar a echar luz en mi vida. Hice un sumario de sus cosas buenas.
Rememoré los 10 años que compartimos. Presté atención a su actitud ante la vida, a sus respuestas, a las cosas que le parecían importantes.
Me dije que seguir llorando significaba que no había aprendido nada.
Y como rescaté su alegría, sencillez y honestidad, le estoy rindiendo examen a nuestra amistad esforzándome en sacarme buena nota en esas cuestiones.

Y no lloré más, aunque todavía tengo un dejo triste en el fondo de la garganta que se deja ver si uno mira bien en la sonrisa que saco a la calle todos los días.

El efecto post-mortem

Después del shock de la noticia, cambió todo y no cambió nada.
Me dí cuenta que hacía mucho que no comía cosas dulces en cantidad. Tanto, que me habia olvidado como se sentía. Fui indulgente conmigo misma a modo de nana, por una mini temporada.
Estuve triste. Muy. Lo sigo estando, aunque menos.
Cada vez que las lágrimas asomaron, les pregunté por qué lo hacian. Descubrí cosas interesantes, que me ayudaron a calmarme y seguir.
Confesé verdades y desaté huracanes. Se cuestionaron todos los basamentos de las casas de mi pueblo interno.
El viento arremolinado se llevó las chapas flojas y las estructuras inestables ("todas las estructuras son inestables", dice el zen).

Me siento Sarah Connor cuando termina Terminator I, cuando le habla al grabador sabiendo como será el futuro y se va por la ruta manejando. Y no hay nada alrededor, y sin embargo ya está todo.

Quiza me caso. Quiza, también, hasta tenga un hijo.
Quizá, también, no haga nada de todo eso.

"Recalculando..", diría el GPS.

23.9.11

Y de repente, la muerte

Un miercoles cualquiera. Particularmente alegre por motivos banales. Calculando las medidas de unos cuadritos para la pared verde.
Y de repente, la muerte que se anuncia al teléfono, en la voz temblorosa de una amiga: "pasó lo peor", dijo.
Lo supe enseguida, pero sin embargo insistí con el libreto: "que, que, que, decime que. Que es lo peor".

"la mataron".









Dos semanas despues, puedo decir que mi reacción fue dramática; que a la calma zen que creia incorporada (aceptar y seguir) le falta mucho pulido.
Grité, lloré, me temblaron las piernas. Pero igualmente me autoconvencí de que no podía ser cierto.
Le dí un beso a un clonazepám mientras esperaba a Moncheri y me cambiaba para ir a la fuente a certificar la noticia.
La guardia de un hospital público, en la noche profunda de un día de semana, no se parece en nada a los escenarios por los que habitualmente me muevo.
Abrazé al nuevo viudo en cuanto lo ví y lo miré desesperada al fondo de los ojos con un "que pasó" lascerante.
"la mataron", certificó.

Ya lo habia anticipado Moncheri: con eso no se jode. Si te dijeron asi, asi debe ser.
Los mocos pintaron las mangas de mi buzo, mientras llamaba a todas para decirles "es verdad" y escuchar el silencio que venia despues, en todos los casos.
Volvimos a casa circunspectos.
Con el tranquilizante en la sangre, me fui a dormir y dormí bien.
El despertador sonó como todos los dias, a la misma hora. 8 horas antes habia dicho "voy a ir a trabajar igual, y cuando sepa los datos del velatorio me voy". Como si tal cosa....
Le dí un manotazo al reloj, acaricié a mi gata entre sueños y cuando me incorporé en la cama para bajarme, la normalidad con la que estaban sucediendo las cosas me dejó helada.
No era un día mas. Era el primer dia que mi amiga ya no iba a vivir.
Seguí con la pantomima de ir a trabajar, pero tan afectada que el hombre del garage me abrazó mientras lloraba y sacaba el auto.
Me contuvo, tambien, la compañera sensible de banco. Me hizo unos pases magicos de reiki en la espalda y las lagrimas cesaron.
Pasé la tarde en la casa de otra amiga, tomando mate al sol y escuchando de fondo programas de chimentos en la tv, mientras su madre nos hacía sandwichitos.
Fue lo más parecido a las tardes de mi adolescencia de los últimos 15 años.
Esperamos, en vano, el dato del velatorio. Recien lo supimos al dia siguiente.
Ellas no quisieron ir al cementerio. Yo si. Queria ver con mis propios ojos que esto efectivamente estaba pasando.
Me acordé de cuando iba abrazando a mi hermana, mientras metían en un nicho el cajón de su entonces novio, en el mismo cementerio.
Me movilizó ver el nombre de mi amiga grabado en la plaquita de bronce.

"vamos", dijo Moncheri. "Ya no hay mucho que se pueda hacer acá".
"Dejame despedirme de algunas personas; seguramente sea la ultima vez que las vea".

Me presenté ante la madre y le agradecí por la amiga que me habia dado.

Nos fuimos en silencio, discutiendo por pavadas.
El retorno a la vida habitual estuvo marcado por una porción doble de torta.
Un sacudón de azucar siempre levanta.


Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

14.9.11

Muerte en Teheran

Un persa rico sorprendió a un joven criado suyo intentando robarle un caballo.
El persa lo sorprendió y le pregunto por que lo hacia.
Este le contesto porque se le había aparecido la muerte y lo había amenazado.
El persa rápidamente le dio dos caballos y lo mando hacia Teherán.
Poco después el amo se encontró con la muerte y le preguntó por que había amenazado a su criado, a lo que la muerte contestó:

“No lo amenacé, solo mostré mi asombro al verlo aquí cuando mis planes eran verle en Teherán esta noche.”