24.9.11

El efecto post-mortem

Después del shock de la noticia, cambió todo y no cambió nada.
Me dí cuenta que hacía mucho que no comía cosas dulces en cantidad. Tanto, que me habia olvidado como se sentía. Fui indulgente conmigo misma a modo de nana, por una mini temporada.
Estuve triste. Muy. Lo sigo estando, aunque menos.
Cada vez que las lágrimas asomaron, les pregunté por qué lo hacian. Descubrí cosas interesantes, que me ayudaron a calmarme y seguir.
Confesé verdades y desaté huracanes. Se cuestionaron todos los basamentos de las casas de mi pueblo interno.
El viento arremolinado se llevó las chapas flojas y las estructuras inestables ("todas las estructuras son inestables", dice el zen).

Me siento Sarah Connor cuando termina Terminator I, cuando le habla al grabador sabiendo como será el futuro y se va por la ruta manejando. Y no hay nada alrededor, y sin embargo ya está todo.

Quiza me caso. Quiza, también, hasta tenga un hijo.
Quizá, también, no haga nada de todo eso.

"Recalculando..", diría el GPS.

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