16.12.09

La Dietrich peruana

El ruso tiene una novia que tiene una hermana que tiene una amiga y la mugre no hace distingos con ninguno de ellos.
La Dietrich, soberbia, se calza los guantes y rasca las costras del horno del ruso, saca pelusas de abajo de la cama de la novia, pulveriza malos olores en lo de la hermana y aspira pelos de gato en lo de la amiga.
Con humor y sin perder la sonrisa ni la altura, se agacha, se sube, friega, moja, retuerce, lustra, lava, ordena, repasa, dobla, barre y seca.
Entre estante y estante, le habla a la mascota y elogia mi casa.
"la salud de las plantas es un símbolo de la armonia. Si se te secó la planta, preocupate por tu matrimonio".
Es sabia, la Dietrich.
Sentite en casa, le imploro. Servite lo que quieras. Que menos podria decirle a quien se ofrece a limpiar el sitio donde cago?
Le pago, es cierto. Pero a mi también me pagan por hacer cosas bastante más bonitas y sin embargo me quejo.
Callo y aprendo. Y escucho sus historias de Lima, de los hijos lejos, de estudios obligados, de matrimonios fracasados, de exilios, de penurias economicas, de una educación estricta, de valores que se han perdido, de sacrificios, de ilusiones, de planes, de m'hijo el dotor.
Pregunto, con un poco de miedo, como fue recibida en este país, a sabiendas de los extendidos prejuicios de mis coterráneos.
El balance es bueno. Me han tratado mal, pero mas veces me han tratado bien.
Es diplomática, la Dietrich.
El dia se hace noche mientras se calza la estola y encastra un cigarrito en la boquilla.
Se vuelve a Hollywood con el caer del sol y olor a limpiapisos en las manos.

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