14.11.09

Cello lessons

Un dia nublado en la dosis justa, fue nuestra oportunidad de pasear por el Central Park.
Maravillada por el olor a verde y la variedad de las formas, iba yo, flotando, entre sus laberínticos caminos.
Y de repente este hombre, con su instrumento un poco maltratado, abrazándolo y rasgándole las tripas.
Los sonidos rebotaban en las paredes y se metían entre los intersticios de mis células.

Era Bach? probablemente. Mi analfabetismo musical me impide saberlo ahora.

Fue un trance de unos cuantos minutos. La sensación de estar flotando se hizo real: me elevé por sobre todas las cosas, y en ese momento se detuvieron todos los relojes del mundo, y la tierra fue un páramo yermo, y solo existía este hombrecito -que bien podría ser Dios o un avatar de Vishnu- y su música que todo lo envolvia y resignificaba las cosas.
Como todo lo bueno y malo de esta vida, hubo de terminar en un momento.
Mis pies entonces volvieron a tocar el suelo, con la certeza de saber que es lo que quiero ser cuando sea grande.

Seré una señora de pantalón de franela gris y pelos revueltos, que va con su instrumento a sitios con magia e hipnotiza a la gente y los teletransporta a lugares ciertamente muy felices, más allá del tiempo y del espacio, donde uno es el color, es el olor y es el sonido y el sonido es uno y todos somos la misma cosa.
Ese sitio no tiene coordenadas en Google Hearth.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es que el Central Park tiene ese que se yo...viste?
Tu foto me transporto en un segundo a ese rincon...muy bonita.
Dani