9.8.09

Nam Myoho Reng Kyo

La ocasión se presentó de una manera banal. Nada mas fútil que una cita en la peluquería un sábado por la tarde.
Y un reencuentro, una década y unos cuantos granos después.
Regamos la coincidencia con algunas cervezas, las empujamos con unas papas y paseamos por una conversación de veras interesante.
De la nada, le comenté a la extraña mis miscelaneas existenciales, mis angustias recurrentes, la nada, el todo, el mas allá.
Ella me describió llorando acongojada, como si mirase una foto, una vez que compartimos la tristeza.
Pero esta vez no estabamos tristes. Teniamos el cabello recien decorado y nos enfrentaba un birrín. Eramos felices.

Parecía entenderme y no parecía una casualidad.
Se despidió con una frase escrita en una servilleta. La guarde con tal fanatismo como si hubiera atravesado oceanos y rutas peligrosas, de sus manos a las mias.
Ahora tengo la servilleta ahi colgada, y la asignatura pendiente de inmiscuirme más en algo que parece que podria traer algo de paz a esta cabecita inquieta.

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