9.8.09

farewell

5 años y 4 meses tardé en interpretar las lágrimas de mi madre el día que la miré por el espejo retrovisor, mientras manejaba camino a la inmobiliaria donde firmaría el contrato que me arrancaría de la casa donde había crecido.
Al volver, yo exultante, encontré entre mis cajones una carta en letra de imprenta y trazo tembloroso.
La leí por encima: era una daga.
La releí en voz alta, junto a unas amigas. A ellas también las hirió y conmigo lloraron. No sabíamos muy bien porque, pero definitivamente el sentimiento estaba muy bien transmitido.
La carta quedó oculta entra tantos otros papeles. La mudé conmigo, pero nunca más la abrí. Supongo que la releeré cuando ella muera y yo me permita llorar a mares sin necesidad de hacerme la fuerte ni decir "asi es la vida".

Mi fiel mascota, hace unos días, dió un salto breve: se fue de mi cama, de dormir sobre mi espalda, cuello & hombros para apropiarse de una caja maltrecha de zapatos.
Y ahí lo supe.
Esa angustia alegre. Esa quemazón. Esa distancia.
"Ella esta contenta! Que te pasa?", dijo monCherri.

Nada. Ya no me necesita.
Es eso.

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