2.5.09

El té del osito

Cuando el estres fue demasiado, mis ojos hicieron foco en una cajita de la góndola.
El osito relajado frente a los leños crepitando me dio envidia y lo compré.
El cóctel de hierbas resultó tener un olor muy fuerte, casi medicinal.
Y lo estrené un dia que tenia el alma con frío y nada, ni el abrazo mas mullido, podía remediarlo.
Sirvió.
Entonces lo deje para ocasiones como esa, donde a modo de prescripción médica, un poquito de manzanilla, menta, limón, tilo y azahar me llaman al silencio y a la contemplación, mientras paso calientes por la garganta los sabores que, a decir verdad, no me agradan.

Cuando todo se puso negro en el horizonte, apreté los dientes y mal disimulé el temblor de mi cuerpo. Pero mientras manejaba con entereza, el cuentakilometros mental iba descontando los metros que me separaban de esta taza, de este saquito, del bendito osito de la caja, que me transporta a un mundo de olores amables, donde todo es suave y la gente y los osos duermen frente a unos leños ardiendo, al menos por unos minutos.

2 comentarios:

laura dijo...

qué relato intenso y suave

yo quiero ese té, o ser ese osito, no sé.

besos

servielectronic08 dijo...

donde lo puedo conseguir por que aqui en el salvador asta se rien cuando pregunto