2.5.09

El juego de la oca

La crisis económica que convocó a todos en las cajas de los bancos que me dejó con dólares en la mano que se transformaron en un viaje a Europa que me trajo de vuelta a mi centro que derivó en que quisiera ser completamente dueña de mi tiempo y que invirtiera los billetes verdes restantes en un auto viejo que me llevo a un trabajo los viernes, al mar, a las sierras y a otro trabajo nuevo que me llevo de gira por el mundo que me enseño de otras culturas y que me permitió avanzar 2 casilleros en el juego de la oca que 10 vueltas atrás me había hecho hacer cargo de comunicarle la muerte de su novio que intenté alivianar con pastillas que no la dejaron llorar que provocaron que me acusara de sus ojos secos que miraron un ramo de margaritas que ató con la cinta de sus cabellos construyendo un cuadro que se arma y desarma periódicamente en mis retinas que lloraron, pero no con ella, sino después cuando grité desahuciada por un poco de contención para poder después yo darla también a otros; que, recibida, garantizó mi continuidad en el juego que se juega aunque yo no quiera y me den alergia las ocas, juego que se ensaña con ella, y en un giro de la trama, la vuelve a poner en contexto de otra muerte demasiado cercana, que hace que disque mi número de madrugada con una amabilidad innecesaria que argumenta que necesita transporte porque allá lejos le toca nuevamente vestirse de luto, que hace que salte de la cama articulando una sucesión de síes y por supuestos, mientras me pongo unas zapatillas y me ato los pelos y me lavo la cara y busco unas pastillas por si a alguien le hace falta tranquilidad en tabletas y doy aviso al durmiente que salgo corriendo a darle soporte a ella porque para que están los lazos sanguíneos que transportan liquido tan rojo como el auto que obtuve unos cuantos casilleros atrás que, solícito, marcha ahora raudo por la ruta y que al regresar, me da las coordenadas precisas de tiempo y espacio para lagrimear un poco y cantar a capela un tema tristón que me da pie para, al llegar a casa, poner la pava al fuego y calentar agua que se funde en un sabor semi amargo que elijo pensar que me cura por dentro las llagas.

1 comentario:

laura dijo...

impecable, impecable, qué lindo leerte

ni un punto, muchos respiros, varios ahogos, mucha lucidez, varias angustias, un suspiro.

qué lindo entrar y encontrar esto