22.4.09

Narcisa

De vez en cuando caigo en la cuenta de que soy parte de lo mismo de lo que me quejo.
No tiene nada de encantador ni de especial ser una mujer joven, que trabaja en una empresa extranjera, que paga su hipoteca, se atasca en el tránsito y tiene un gato.
Deben de haber, en este mismo momento, millones de casos iguales que también estan esperando que hierva el agua para el té.
Como las tiras de muñecos de papel, unidas por las manos, cortadas por la misma tijera.
Me indigna saberme tan promedio. Y entonces pienso que, como en las películas, estan los actores principales y estan los extras.
Estarán entonces, los que hacen descubrimientos científicos, los que construyen puentes que unen riberas, los que piensan y actúan con lucidez e iluminan al resto.
Y estarán también los otros, que como yo, cumplen con su vidita de fotonovela.
"no hay mucho mas que esto, hay que resignarse", dice mi gurú.
Y yo digo que no, que no puede ser, pero no encuentro a nadie que me diga lo contrario.
A veces pienso que fue un tremendo error hacerme creer que era brillante, que porque 9 y no 10, que vos podés más, que esto para vos es una pavada, que vos podés cualquier cosa, que a la unica que le falta convencerse de mi genio es a mi misma.
Patrañas.

Quien te crees que sos?, me espetaron.
Y tenian razon.
Cuando dejo de lado todas esas veleidades, de repente me encuentro con que soy capaz de sonreir y de bailar un poco de cumbia y de hacer -sin resoplar- la cola del supermercado para comprar un poco de queso.
Y la uniformidad me apacigua y retomo el optimismo, por una temporada.

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