24.4.09

bite, bit, bitten

Confieso que miro los dientes casi antes que los ojos. Que sé con frenético fanatismo las miserias dentales de mis conocidos, familiares y amigos.
Que prejuzgo a partir de eso: a esos dientes verdosos jamas me les arrimaría con un beso y a esos otros, partidos, jamas los dejaria temblar cerca de mis zonas pudendas.
Me imagino como serían los dientudos con un maxilar mas retraído y me pregunto si esas paletas horizontales no haran un piquete al almorzar.
Recuerdo a la gente por sus molares y le doy handicap positivo a los que tienen un bonito morder.
Que tontería!
Pero la mirada va mas rápido que el cerebro, y ahi estoy de nuevo, caratulando a la gente a través de su sonreir.
Se me antojan personas de no fiar los que tienen un automóvil de lujo pero ostentan soberanas ausencias en su frontón odontológico.
Y debo confesar también que me enorgullezco de los míos, tan brillantes y parejitos.
He tenido suerte, es cierto. La biología no pregunta a la hora de repartir las piezas.
Pero, suerte o no, los mostré contenta cuando me apodaron perlas en honor a ellos.
Las pequeñas frivolidades como ésta colaboran para hacer los días mas amenos.

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