9.4.09

Postales de Venezia

Fui, me colé en un vaporetto, me saqué una foto entre las palomas y la basílica de fondo, le pagué con una sonrisa al guía de la excursión en Murano que me hechó un piropo ante el resto de la comitiva y cené tallarines sin queso en un plato de plástico en un bolichón cerca de la estación.

Pero antes, me despedí del bosnio con el que mantuve una charla sobre temas que ya no recuerdo, pero que seguramente -de alguna manera u otra- giraban en torno a la guerra que lo había convertido en desertor y que justificaba su presencia ahí, escapando ya no de la milicia pero sí de la miseria que el enfrentamiento armado habia dejado en su tierra.
Me recomendó ampliamente que leyera el *libro verde de Sarajevo*, del que nunca encontré todavía la referencia precisa, pero que siempre estoy buscando.

Y que estudie, que no deje de estudiar. Que aproveche la educación universitaria gratuita que mi país ofrece. Que el no tenía ese privilegio. Que yo sí y que por ende, debia hacerle honor.

El bosnio no sabe que, tantos años despues, no me he graduado.
Ni mucho menos, que he renunciado a hacerlo.

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