30.11.08

Plan B


Si no fuera lo que soy (o cuando deje de serlo), bien podría ser profesora de español para extranjeros.

29.11.08

The simple life

Un día, hace un año, me encontraba en una sala aséptica con MonCheri, escuchando la lectura aburrida del escribano. Las llaves de nuestra casa tintineaban todavía en las manos del hombre que se llevaría nuestro dinero.
Después fue la compra de un champagne al paso y descorchar por primera vez, solos, en lo que sería nuestro piso de allí en mas. Y encender los móviles para cerrar el paréntesis en el que nos habiamos voluntariamente metido.
Era feliz.

Un dia despues, hace un año, leía las noticias online y levantaba una ceja al enterarme del choque con resultado fatal que habia ocurrido en el barrio donde crecí.
Después fue cuestión de esperar a que el destino discara mi número y le pusiera el nombre de un amigo al NN muerto.

"Tomá! una de cal y una de arena! para que te quede bien claro como son las cosas. Y no vuelvas a molestarme!"
- nuevamente la vida y su mal carácter.

Me perturbó la muerte. Pero superada la angustia, me perturbaron los recuerdos.
Todas las veces que ocasionalmente me encontraba al ahora muerto, todas las veces el se reía de mi y de mis tribulaciones.
Me desesperé: si ese día moría yo, ay por zeus, todas las cosas que tendría que haber hecho y no hice.

De aquel día a esta parte, me esmeré en encontrar más seguido ocasiones para el brindis y el encuentro, en ver mas el sol y menos la computadora, en relativizar las cosas, en enfocar en los detalles simples. En trabajar menos. En gozar más.

Anoche cuando me acosté, ví por primera vez que debajo de las capas de pintura que le pusimos al techo de la habitación, quedaban resabios de esas estrellitas que el antiguo dueño tenía pegadas en el techo y se iluminan en las oscuridad.
Como suelo caer desmayada del sueño, o concentrarme en leer o mirar TV, no las habia visto antes.
Pero estaban.

Darme cuenta que ahora soy capaz de ver estrellas debajo de las capas de pintura me amigó un poco con el universo y me pude dormir en paz.

28.11.08

LalaAround 1:5-8

Fake

A los 7, tenía una compañerita cuya madre le teñía religiosamente el cabello de un amarillo huevo.
Tenía el pelo tan seco como paja. Sin embargo, por mandato materno, se obstinaba en asegurar que era rubio natural, que no, que no se teñía.
De vez en cuando en los recreos se armaban debates en los que mis blondos cabellos eran el metro patrón para emitir crueles juicios de valor.

Estaba a salvo.

Sin embargo, yo no era menos farsante.
Mentía. Por mandato materno, negaba la condición de jubilado de mi padre.
Era menos evidente que lo del cabello y sólo me veía obligada a lidiar con ello cuando se hablaba de los padres.
Era un problema que vinieran a jugar amiguitas a casa. Que iban a decir si lo veían leer el diario a las 3 de la tarde?
Que mi padre se había acogido a un plan especial de jubilación anticipada que habian ofrecido en su empresa, no era explicacion posible.
Que haber tenido hijos de grande hacía que nos tocara vivir estas cosas antes que a los demás, tampoco.
Los padres de las niñas de mi edad tenian menos de 40 años. Yo no encajaba.
Evité entonces invitar amigas a jugar. Esquivé las conversaciones que trataban de los padres y escondí todos los formularios en los que tenía que completar el casillero "ocupación", con tal de no verme obligada a mentir.

Lo hice tan bien que una vez me dijeron: "pero vos tenes papá? yo pense que estaba muerto. Como nunca lo nombras...".

Hace unos años me cruzé con la teñida. Todavía lleva el cabello igual.
A veces, al aplicar tintura, arde el cuero cabelludo.
A ella seguramente ya no le arde. O si...
A mí aquella mentira, cada tanto, me arde en todo el cuerpo.

26.11.08

El graduado

Acostumbrada a sentirme no más que una pelusa por no tener título universitario (a pesar de los intentos), tuve que replantearme mi escalafón de prejuicios cuando el graduado -que por definición, yo habia catalogado positivamente- repitió en chats sucesivos unos garrafales horrores de ortografía.

Innovación




J.R.Mora

Desarrollo Profesional. Parte II

Me ofrecieron un puesto de trabajo que se puede tomar como un ascenso: la gente de mi actual nivel, quedaría bajo mi órbita. Unos cuantos planetas y yo el Rey Sol.
Me tejieron un manto de flores hecho de elogios y los compré todos.
Me halagó tanto que se me humedecieron los ojos.

La compañera-viborilla no tardó en lanzar su veneno:

"vos pensas que te eligieron porque sos mejor que los demas? no!, que va..
Es porque sos mujer, joven y bonita. Todos los hombres que se lo merecen deben estar molestos".


Esperaba el comentario mordaz desde el mismisimo día en que supe del ofrecimiento.

Sus primeras intervenciones malignas me molestaron, me enojaron y me dolieron.
Pero la seguí escuchando, a modo de entrenamiento para la vida real.

La gente apesta, a veces.

Desarrollo Profesional. Parte I

"Necesitamos que mañana acompañes al comercial como consultora técnica; tiene que ir a hacer una presentación al cliente para cerrar un contrato."

Así dijeron y les creí.
Y como no dominaba del todo el tema, me quedé hasta cualquier hora leyendo material y poniendome nerviosa.

"Esta no me la creen. Antes que tú les llevamos a una ex miss-nuestropais, y ahora voy contigo."
Dudando entre sentirme halagada u ofendida, me incliné por lo segundo.

Una ex miss?- pregunté incredula.
"si si, le dimos para que se lea la presentacion comercial del producto un rato antes y listo".

Me sentí imbécil.

A mi por entonces jefe -ahora mi amigo- le aullé indignada. El sabía de la dedicación, el esfuerzo y los años que yo llevaba invertidos en esto.

"Lo peor no te lo dije"
,me confeso hace poco entre cervezas, "cuando estabamos planificando el proyecto, el gerente me pregunto "que producto te tengo que comprar para que me mandes a la rubia?".

No me causo mucha gracia, pero a esa altura, me relajé un poco.
C'est la vie.
la puta vie.

15.11.08

Postales de Napoles


Podría recordar su impresionante puerto, el castillo que ni sabia que existia, la galeria Umberto I o algo de su historia.

Pero no.

Cuando recuerdo la tarde que ahí pasé, se me llena la boca del sabor dulce y pegajoso de los nísperos que con mi amigo chileno le compramos a un tipo por la calle; y que hasta entonces yo creía que solo crecían en el fonde de la casa de mi abuela.

Napoli , con N de Níspero.

Mandatos S XXI

13.11.08

Con P de Puto

Cuando a Romina le preguntaban "y vos que queres que sea?", ella respondía "me da lo mismo. Lo único que me interesa es que sea sano".

Mentía Romina.
Mentia abiertamente, para que no la molestasen ni le pusiesen caras raras.
Ni una candorosa nena ni un masculino varon.
Romina quería que su futuro hijo fuese puto.

Un chonguito musculoso, un gordo freak, un flaquito intelectual o una vivaracha mariposa. Le daba lo mismo.

Los consideraba superiores porque habian superado la última y más primaria de las barreras: la de la identidad sexual.
Los verdaderamente atrevidos. Los pocos subversivos que quedaban.
Se indignaba cuando escuchaba, a esta altura de la civilización, a las madres que prohibían a sus hijos varones vestir en la gama de los rosados o que corrían alarmadas cuando agarraban el esmalte de uñas.

Mientras sus compañeras del curso de preparto se pasaban modelos de ropita para tejer en punto arroz, Romina se imaginaba la noche en que se quedaría hasta altas horas cosiendo las lentejuelas de un disfraz de sirena para su primera marcha del orgullo gay.

3.11.08

(+) Postales de Panamá

El hotel donde me alojaba era de los hoteles que jamas pagarían mis bolsillos pero sí los de la empresa que me empleaba.
Amanecí un dia más, en mi cama de 2 plazas, con la temperatura justa y las sabanas tibias.
Sintonizé en TV algun programa tonto y me fui a bañar.
Sintiéndome una diva en mi bata de toalla, me sequé el pelo, me decoré un poco la cara y armé una tabla cartesiana con las combinaciones posibles de mis 3 blusas y mis 2 faldas.
Desfilé para mi ante el espejo y cuando ya tenia los minutos contados para no llegar tarde, el taco mal reparado de las sandalias rosas se inmolaba contra una imperfeccion de la alfombra.

Demonios!

Sin tiempo para repensar todo el atuendo, sali presurosa haciendo equilibrio.
En la oficina del cliente el clima estaba alborotado.
No tardé mucho en distinguir él tópico: Madrid, Atocha, atentado, muerte.

De vuelta en el hotel, la presentadora de CNN me confirmaba que más de un zapatero habia hecho mal su trabajo.

Era 2004.
Era marzo.
Era 11.

Paul

Cuando el sol le salía en los ojos, le amanecía una puteada en los labios.
"Me cago en Bertin!", decía con toda la peruanidad que le era posible, aquella que se le habia pegado en las suelas, en las manos, y se le habia metido en los recovecos de las orejas durante los 6 años de infancia que pasó en Lima.

Superado el malhumor, se calzaba el traje color teconleche y se anudaba con desgano la pajarita. El bombín lo usaba por costumbre; el bastón, por gusto.
Al menos el trabajo le quedaba cerca: apenas unas cuadras, derecho por la Rue Lafitte.
Comodidad. Una cualidad que le apetecía y por la que no había dudado en aceptar la oportunidad que aquel amigo de la familia con buenos contactos le habia ofrecido en el estudio.
Jamás se había imaginado como corredor de bolsa, pero a decir verdad tampoco se había permitido imaginar demasiado todavía, a sus veintipocos.
En esas horas infinitas, rodeado de planillas y un clima espeso, lo mas agradable era la amistad que habia hecho con Emile, cuando ambos eran novatos al entrar en la
compañia.
Para el lunes de la puteada, Paul ya estaba bastante anesteciado: 12 años en la Bolsa, 5 hijos, 1 esposa y 34 junios soplando velas.
De la paz que conseguía en las clases de dibujo a las que iba con Emile despues del trabajo, poco quedaba al llegar al viernes.

Esa semana fue la muerte: el mas chiquito no le habia dejado dormir un solo dia y para peor, a la bolsa de París se le ocurría colapsar.
El jefe habia sufrido un infarto por los nervios, y en la oficina todos estaban pálidos y ojerosos haciendo cuentas, tratando de contener la pesadumbre y los saldos en rojo.
Me cago en la puta!", decia apelando a sus ancestros hispanos.

Ese día, desandando la Rue Lafitte se dijo por enésima vez "esto no es vida".
"No puede ser que no haya nada mas alla."
"Esto es una mierda."


Al llegar a su casa, se aflojó los mocasines, se desató la pajarita y suspiró con el suspiro mas profundamente alguna vez suspirado: "Se van todos a la puta que los pario".
Haría cualquier cosa. Cualquiera.
Hasta podria trabajar como obrero en la construccion del canal interoceánico del que tanto se hablaba, allá en centroamérica.

El lunes siguiente presentó la renuncia en Bertín.
El ultimo firulete de su firma en la carta de dimisión estaba aparentemente ligado al ardor que tenia hace años en la boca del estómago.
Al firmar, el ardor se fue y se le ensancharon los pulmones: era la primera vez que respiraba.


Paul Gauguin, 1848-1903, corredor de bolsa