29.11.08

The simple life

Un día, hace un año, me encontraba en una sala aséptica con MonCheri, escuchando la lectura aburrida del escribano. Las llaves de nuestra casa tintineaban todavía en las manos del hombre que se llevaría nuestro dinero.
Después fue la compra de un champagne al paso y descorchar por primera vez, solos, en lo que sería nuestro piso de allí en mas. Y encender los móviles para cerrar el paréntesis en el que nos habiamos voluntariamente metido.
Era feliz.

Un dia despues, hace un año, leía las noticias online y levantaba una ceja al enterarme del choque con resultado fatal que habia ocurrido en el barrio donde crecí.
Después fue cuestión de esperar a que el destino discara mi número y le pusiera el nombre de un amigo al NN muerto.

"Tomá! una de cal y una de arena! para que te quede bien claro como son las cosas. Y no vuelvas a molestarme!"
- nuevamente la vida y su mal carácter.

Me perturbó la muerte. Pero superada la angustia, me perturbaron los recuerdos.
Todas las veces que ocasionalmente me encontraba al ahora muerto, todas las veces el se reía de mi y de mis tribulaciones.
Me desesperé: si ese día moría yo, ay por zeus, todas las cosas que tendría que haber hecho y no hice.

De aquel día a esta parte, me esmeré en encontrar más seguido ocasiones para el brindis y el encuentro, en ver mas el sol y menos la computadora, en relativizar las cosas, en enfocar en los detalles simples. En trabajar menos. En gozar más.

Anoche cuando me acosté, ví por primera vez que debajo de las capas de pintura que le pusimos al techo de la habitación, quedaban resabios de esas estrellitas que el antiguo dueño tenía pegadas en el techo y se iluminan en las oscuridad.
Como suelo caer desmayada del sueño, o concentrarme en leer o mirar TV, no las habia visto antes.
Pero estaban.

Darme cuenta que ahora soy capaz de ver estrellas debajo de las capas de pintura me amigó un poco con el universo y me pude dormir en paz.

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