28.11.08

Fake

A los 7, tenía una compañerita cuya madre le teñía religiosamente el cabello de un amarillo huevo.
Tenía el pelo tan seco como paja. Sin embargo, por mandato materno, se obstinaba en asegurar que era rubio natural, que no, que no se teñía.
De vez en cuando en los recreos se armaban debates en los que mis blondos cabellos eran el metro patrón para emitir crueles juicios de valor.

Estaba a salvo.

Sin embargo, yo no era menos farsante.
Mentía. Por mandato materno, negaba la condición de jubilado de mi padre.
Era menos evidente que lo del cabello y sólo me veía obligada a lidiar con ello cuando se hablaba de los padres.
Era un problema que vinieran a jugar amiguitas a casa. Que iban a decir si lo veían leer el diario a las 3 de la tarde?
Que mi padre se había acogido a un plan especial de jubilación anticipada que habian ofrecido en su empresa, no era explicacion posible.
Que haber tenido hijos de grande hacía que nos tocara vivir estas cosas antes que a los demás, tampoco.
Los padres de las niñas de mi edad tenian menos de 40 años. Yo no encajaba.
Evité entonces invitar amigas a jugar. Esquivé las conversaciones que trataban de los padres y escondí todos los formularios en los que tenía que completar el casillero "ocupación", con tal de no verme obligada a mentir.

Lo hice tan bien que una vez me dijeron: "pero vos tenes papá? yo pense que estaba muerto. Como nunca lo nombras...".

Hace unos años me cruzé con la teñida. Todavía lleva el cabello igual.
A veces, al aplicar tintura, arde el cuero cabelludo.
A ella seguramente ya no le arde. O si...
A mí aquella mentira, cada tanto, me arde en todo el cuerpo.

No hay comentarios: