13.11.08

Con P de Puto

Cuando a Romina le preguntaban "y vos que queres que sea?", ella respondía "me da lo mismo. Lo único que me interesa es que sea sano".

Mentía Romina.
Mentia abiertamente, para que no la molestasen ni le pusiesen caras raras.
Ni una candorosa nena ni un masculino varon.
Romina quería que su futuro hijo fuese puto.

Un chonguito musculoso, un gordo freak, un flaquito intelectual o una vivaracha mariposa. Le daba lo mismo.

Los consideraba superiores porque habian superado la última y más primaria de las barreras: la de la identidad sexual.
Los verdaderamente atrevidos. Los pocos subversivos que quedaban.
Se indignaba cuando escuchaba, a esta altura de la civilización, a las madres que prohibían a sus hijos varones vestir en la gama de los rosados o que corrían alarmadas cuando agarraban el esmalte de uñas.

Mientras sus compañeras del curso de preparto se pasaban modelos de ropita para tejer en punto arroz, Romina se imaginaba la noche en que se quedaría hasta altas horas cosiendo las lentejuelas de un disfraz de sirena para su primera marcha del orgullo gay.

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