1.8.08

Tamagotchi®

Lejos de casa, lejos de mis amigos en el día que los conmemoraba, rodeada de unos compañeros de trabajo a esa altura desconocidos, decidimos ir por unas pizzas y brindar, cada uno a la salud de sus amistades.
En torno a la mesa, el silencio era un invitado más.
No teníamos temas en común. Recién llegábamos y ni siquiera daba para hablar del clima.
Apelando al ingenio, LalaAround remontó la cena proponiendo un tema: que cada uno contara cual había sido su primer trabajo rentado.

Uno hablo, emotivo, de una fábrica de carteras de cuero, propiedad de su padre.
Otro contó que fue ayudante de carnicero, cuando su cuerpo no llegaba ni a ser una famélica media res.
Yo referí la experiencia como volantera de aquella disquería, con motivo del día del padre.

Pero la mejor fue la que contó Alberto:
en la puerta de un centro comercial, en una navidad de los ’90, se había montado un puesto lleno, llenísimo de Tamagotchis.
Su responsabilidad era alimentar a las mascotas virtuales, cuidarlas, curarlas, darles cariño, regañarlas (todas funciones del aparatito) para evitar que murieran y así sostener el interés del público.
Decía, circunspecto, que no daba abasto con los estantes repletos.
Que se ponía muy nervioso, porque necesitaba el dinero para comprarle un regalo de navidad a su novia y tenía un terror irracional a que un Tamagotchi muriera.

Todavía me sigo riendo.

1 comentario:

ImagaZool dijo...

Aprovecho este espacio para mandar un saludo a la persona que llego a mi blog buscando "tamagotchi famelico" en google.

Genial.