30.6.08

Postales de Mar del Plata



Corría 1981 cuando mis padres firmaban, en copropiedad con mis tíos, la escritura del departamento donde pasaría todos los veranos de mi infancia y adolescencia.
Las cerámicas rojizas, las cortinas azules y la decoración armada con todo lo que sobraba de las casas de capital serian el contexto.
El salpicré de las paredes, un guiño al interiorismo de los años 70.
Cuando promediaba diciembre, aparecían colgados con un imán en la heladera los pasajes del tren. Todo enero nos pertenecía; febrero era propiedad de mis tíos.
No eran vacaciones de lujo: mi padre hacia la compra del mes y la metía en un bolso.
Viajaban así con nosotros latas de conserva, fideos, arroz, azúcar y yerba.
Cambiábamos el micro escolar por el 221 y las tardes de escuela, por jornadas completas en las playas del sur y vuelta del perro.
Así, durante 17 largos años.
Mar del Plata es la ciudad de mi primer beso, de las primeras salidas a bailar, de la primera calentura a manos de un provinciano que se adueño de mis tetas en las escaleras del edificio, de mis primeras necesidades de toallitas.
Es donde conocí a mi primer novio, donde llore creyendo estar enamorada y temblé de nervios por vez primera.
Fue meterse al mar de noche, compartir fogones en la playa y hacer dedo para volver de los boliches. Fue la fiesta de la espuma, el mejor evento de esos años.
Estaba ahí cuando Olmedo perdió el equilibrio y era también ahí, todos los años, la celebración del cumpleaños de mi hermana menor con torta Havanna y sin amiguitos.
En esta ciudad, mi hermana mayor tuvo su primer empleo y con el primer sueldo me regalo un libro que todavía conservo.
Fue, también, el lugar de los peores ataques de asma de la pequeña (y de ahí mi recuerdo del hospital de niños frente a plaza mitre) y el origen del tren que descarrilaría con nosotros arriba el 8/3/1981, provocando 34 muertos.
Promediando los ’90, llegaron las misiones, los empleos, las universidades y los novios.
Eso marco el fin de los veranos en familia.

Mar del Plata, de todos modos, es mi ciudad por elección.
Y es a donde todos decimos que iremos a vivir, cuando ya no queden excusas.

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