30.6.08

El divino amor

Del periodo acneico de mi vida, cuando cuidaba mi pelo con baños de crema de mayonesa e intentaba mejorar el cutis con barro del jardin, quedaron memorizadas dos poesias.
Estan en el lobulo frontal derecho, a la vuelta del primer recodo intestinal de mi cerebro.
Las puedo repetir como mi dni. No puedo renegar de ellas aunque quisiera.
Esta es una:

Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.
              
Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;               
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, ¡oh niño!, te me niegas.
              
Mira que estoy de pie sobre los leños,
que a veces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.
              
Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.


La otra es "Dolor", tambien de Alfonsina. Pero transcribirla ya seria un exceso.

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