4.6.08

De mi concepto de avaricia



El viejo avaro es un propietario que vive de rentas.
Posee –para mi desgracia- el departamento que me gusto para vivir.
Cuando entraron ladrones por el balcón, desde la obra en construcción abandonada que estaba al lado, el consorcio decidió poner rejas.
Escúcheme, señor: esto no es un gasto que me corresponda.
(30 pesos ley, que serian unos 100 hoy en día)
Las rejas del balcón no me las voy a llevar cuando me mude.

Se los desconté del alquiler del mes entrante, sin aviso.

Sos una desgraciada, una mentirosa, una hija de puta! Me queres matar de un infarto!! Vos me queres matar a mi! A mi!! Justo yo, que me entregue como un cordero. Yoooo, que confié en tus padres…

Y siguió, in crescendo.

Señor, yo no le estoy gritando. Ud me esta faltando el respeto –susurre-

Espumando por la boca, siguió con su perorata de reclamos y maldiciones.
Llore de bronca y de impotencia.
Después eleve mi queja a la inmobiliaria y de ahí en más nos relacionamos en silencio:
Yo ocupaba su casa, el gozaba de parte de mi transpirado sueldo. (proporcion que iria rapidamente en ascenso)

Cuando hube de renovar el contrato, al momento de hablar de las condiciones de pago, dijo “yo así estoy bien, no lo cambiemos”.

Claro, seguro, si los $2 por la transferencia bancaria me los cobran a mí.

Algunos meses antes, había sonado el teléfono. Poco tiempo necesito el viejo para hacer gala de su avaricia quejándose con alaridos de que le descontaban 2 pesitos por el depósito en el buzón de su banco…

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