15.5.08

De mi concepto de Asco. Parte I

Volver en un colectivo infectado de personas, un día de verano.
Que no exista ningún motor de búsqueda más que el índice amarillo de una biblioteca y no poder evitar el compromiso de terminar un trabajo practico de algún tema irrelevante.
Intentar barrenar la ola de la moda teen del momento, con más bien pocos recursos económicos: minifalda de jean, botitas de gamuza y remerita XS. Suponerlo de una manera y a la distancia confirmar que lucia mas carnoso que armónico y mas triste que picante.
Que la lotería de los asientos te asigne el más lejano posible a tu amiga.
Que aprovechando el tumulto y la individualidad asquerosa de cada uno de los malparidos viajantes, el pasajero numero N decida que es un buen día y un buen momento para fregarle la pija a alguien.
Que las intenciones del desgraciado y tu ubicación en el ómnibus coincidan.
Que el hijoderemilputa pele su aparato reproductor y te lo planche haciéndose el boludo contra el brazo izquierdo.
Paralizarse, querer gritar y no poder (como en los sueños), agonizar, sentir nauseas, dejar crecer la xenofobia como un yuyo rápido hasta que lo tape todo.
Negro de mierrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrda, repetir como un mantra.
Maldecir a los pasajeros. Conchudos, egoístas, silenciosos, obtusos, ignorantes y crueles pasajeros, que tienen el cuello contracturado de mirar hacia delante.
Contar hasta 10.000.
Ser insoslayablemente virgen y que ese se constituya en tu primer y explicito contacto directo.
Que por fin el viaje del joeputa termine y se baje. Que la ley de la probabilidad te revele la gracia de otro asiento más lejos.
Que el cuerpo reaccione y pueda abandonar su rigidez cadavérica.
Que te pasa? Estas pálida. Paso algo?, escuchar.
Nada, no, no me preguntes, responder.
Sentir vergüenza. Aguantar las lágrimas.
Intentar seguir con lo planeado. Llegar a destino y no poder soportar la ignominia.
Llorar a raudales y salir corriendo a casa, con el bracito muerto, duro, estéril, atrofiado, negado, manchado de su maldita y puta sucia leche.
Meterse en la ducha y llorar al son de las gotas, impávida, atónita e impotente. Gritar.
Recuperar poco a poco la vida en la extremidad izquierda.
Tratar infructuosamente de ubicar la experiencia en el catalogo mental de sensaciones.
Tatuar en la memoria la pinta de borracho, la ropa desprolija y todas las características del infeliz que estaba caliente. La mirada final antes de bajarse.
Contarle a una hermana y escuchar una risa estentórea como respuesta.
Decidir no contarle a nadie más por el resto de la vida.
Romper para siempre la hermandad de concepto entre pobreza y bonhomía. Asumir un conflicto entre el trabajo social militante y la realidad propia. Culpar al estado, a la educación, al país, a las masas, a la urbe, al sistema económico. Tratar de ponerle rotulo. Generalizar un poco.
Inclinar la balanza ideológica para el lado del feminismo.
Hacerse un poco menos tolerante y más cínica. Barnizarlo con 8 capas de olvido y seguir viviendo.
Esperar casi como 15 años y publicarlo en un blog.

2 comentarios:

ojovidrioso dijo...

Que experiencia de mierda!
No por que sea mas o menos común deja de ser una bosta.

Por lo menos te desahogaste en el blog.

Por otro lado, no termino de entender la conexión con xenofobia y pobreza. Podría haber pasado algo similar (con otras formas, capaz) con alguien de tu mismo color de piel y clase social, en cualquier otro lado.

Me gustó el blog y la estética.

Saludos.

ImagaZool dijo...

totalmente de acuerdo en que a los jueputas no los diferencia el color de piel ni la clase social.
pero en ese caso, coincidian con un color y clase especifico y me moleste con esa combinacion.

Pero esta clarisimo que no es (ni puede ser) una generalizacion.

La relacion que sí hice fue entre ser pobre y ser bueno.