28.4.08

Ese hombre

Ese hombre que me habla, y me cuenta de parientes que no conozco es mi padre.
Mi padre, que vive conmigo y no.
Me cuenta de su prima Cristina. Una turra, dice. Que le pegaba a la madre y se entero de su fallecimiento 12 horas después, en la oficina. Mejor no volver a verla.
“la crucé hace poco en San Isidro, pero la ignore…me cambie de vereda”.
Y Alberto, el primo chorro y escandaloso. Al que le tendió una trampa que fallo, porque al parecer lo vio tirado al costado de la cama mediante un espejo, mientras esperaba que se llevase alguno de los 10 billetes de 100 que había dejado adrede. “estuvo como 5 segundos delante de mi placard, pero esa vez titubeo y no lo hizo”.

Y se ofendió después de que te descubrió, supongo.. –digo-.
Claro, y al tiempo se fueron de casa. El y la madre. Porque les alquilábamos un cuarto.
No los vi más. No se que es de su vida.
Y a continuación, reflota el capitulo en que se compro un arma, porque este primo loco lo amenazaba de muerte. Y me vino a buscar –dice- y cuando lo veo, agarro el arma de la mesa de la cocina y salgo a dispararle. Y le apunto, pero el raja. Raja porque es cobarde!
Dios quiso que no le pegase, pero..le apunte! Te juro que le tire a matar!
Después declararía en la comisaría que “tiro al aire para amedrentarlo”, pero de todos modos tuvo que pasar la noche en una celda con presos comunes, de pie en su traje impecable.
La ley le ofrecia una llamada para hacer, pero el no tenia a quien avisarle.
Mas tarde se enteraría que el que lo reconoció (..pero ud no es el del banco?) estaba preso por homicidio junto a su padre. A vos te parece? Yo no pregunte, pero después uno se entera…homicidio!

Mezcla las historias de familiares perdidos con grandes anecdotas del turf, que disfruta.
“cuando vivía ahi, teníamos una casa enfrente de la estación. El resto era todo bosque”, mecha. “después me fui, ya no quería saber nada mas con la gente de san isidro y me compre un departamentito en Palermo”.
Lleva 2 horas hablando y yo lo miro. Cada tanto acoto alguna interjección o simplemente asiento, para que su monologo no se corte.
Me pregunto que tan solo se habrá sentido a lo largo de su vida, dejando atrás parientes por locos, turros o vividores. Nombra pocos amigos: León, Perazza… pero esos se que son de épocas posteriores.
Pensando en su matrimonio, donde el compañerismo brillo siempre por su ausencia, le pregunto: y no te sentiste solo?
Dice que si, bueno, uno siempre esta solo. Y me ametralla con más datos, fechas, personas y lugares, esquivando mi pregunta directo al centro.
Lo oigo pero no lo escucho. Le presto atención a sus finas arrugas y a sus ojos grises –antaño pardos-, mientras me pregunto que lugar tiene en todo esto mi preocupación por la demanda por daños que me quiere iniciar la nueva vecina, o mi fastidio con el albañil por los temas que dejo pendientes.
Sabrá que pienso en eso? Si, sabe. Le interesara?

Seguimos destripando anécdotas mientras desaparece la bandeja de sándwiches y pasa el mate y el café con crema.
Mira como se ve el atardecer desde acá –digo-. Ve pero no mira y sigue hablando.
Esta viejo, pienso. Lo imagino como una Spika pasando noticias y por momentos alucino con que va a aparecer el caballito de “Sucesos Argentinos” y su típica locución en off.
Sin embargo me entristece y mariconeo por adelantado pensando que esta Spika se apagara un día, más temprano que tarde.
Finalmente, entre la cuarta y la quinta hora de charla, repasaremos un poco el tema de la vecina y mi fastidio. Pero ya no tengo ganas de profundizar.
Lo acompaño a la parada del colectivo y se va.

Mas tarde, llega H y me pregunta que tal la visita de mi padre.
Y? que dijo de la casa nueva?
Nada.
Como que nada?
Ah, si. Que había olor a nuevo.

No hay comentarios: